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Tomás Stom Arévalo, nacido en tierras argentinas de la unión entre un holandés y una chilena, conocido óptico penquista, con varias profesiones a su haber, destina gran cantidad de sus ganancias y tiempo libre a una pasión que se remonta a su infancia, cuando empezó a reunir estampillas, monedas y cajitas de fósforos. Una afición que lo ha transformado en el busquilla mejor reputado entre las comunidades indígenas, anticuarios y feriantes de la región del Bío – Bío. Un vicio que lo lleva a buscar, donde quiera que va, tesoros que hablen sobre modos de vida en el pasado y sobre los avances científicos del hombre para enfrentar el futuro. El coleccionismo, es para él un amor que no le da descanso y una causa por la que ha contraído varias deudas. Es la razón por la que se transformó en un verdadero paladín del rescate patrimonial. Los objetos que Stom ha recolectado van desde joyas, textiles, utensilios y rucas mapuche; herramientas utilizadas para diversos oficios como el de costurera minero o telégrafo; cámaras fotográficas; microscopios; telescopios; instrumentos musicales; relojes de bolsillo y cerámica de Lota, hasta carruajes y una pequeña locomotora. Un inmenso erario que ha conservado en bodegas, catalogado, prestado y donado a museos estatales. Parte de su preciada colección primero la comenzó a exhibir a parientes y amigos, para luego extender su iniciativa a cualquier visitante, fundando así, hace 18 años, el Museo Stom de Chiguayante, donde se exponen más de 4 mil piezas